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En nombre del periodismo, he dejado que me aten en clases de shibari, el bondage japonés, he visitado cines pornográficos y he encontrado un match en una fiesta de feromonas. Me he sentado junto a directores en sets de rodaje pornográficos, he observado masajes sensuales entre mujeres y he visto a una dominatriz azotar a un cliente en la habitación de un lujoso hotel de Londres (en mitad de la sesión, incluso hizo un pedido al servicio de habitaciones para quienes estábamos allí). Aunque el hecho de escribir sobre sexo y relaciones como parte de mi trabajo me ha convertido en una especie de voyeur, lo que más me fascina es la interconexión entre el sexo, el amor y nuestros comportamientos inconscientes. Nuestro pasado influye profundamente en nuestro presente y, si todas las personas finalmente comenzáramos a reconocer este hecho, ¿dónde estaríamos? ¿Con quién estaríamos?

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